Angel Bernal |
| Iberismo |
| Ángel Bernal |
| 11 may 2008 actualizado 21:00 CET :: Leído 82 veces |
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Durante el mes de mayo la Asociación Extremeño Alentejana viene realizando anualmente conferencias sobre temas transfronterizos, en lo que resulta ya una tradición iniciada hace al menos una década. Este año hemos tenido como conferenciante al catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Cantabria Germán Rueda Hernánz, quien impartió una conferencia magistral sobre el iberismo, es decir la idea de la unión ibérica entre España y Portugal, idea que se desarrolla especialmente a lo largo del siglo XIX. El título resultaba sugerente y allí estuvimos medio centenar de personas interesadas por estos temas, con el afán de que se nos desvelara lo que parece a su simple enunciado un gran tabú en las relaciones entre ambos países, cuando no polémico, cuestión que quedaba de principio descartada por tratarse de una exposición en términos históricos, sin más afanes ni pretensiones. Y en efecto, sobre una extensa base documental, fruto de los estudios realizados a propósito del tema propuesto y en Portugal (concretamente en la Universidade Nova de Lisboa), el ponente nos fue desgranando lo que fue la idea de un país ibérico desde la óptica de uno y otro país, a partir de una confluencia de intereses mutuos y desde la convicción de que tal propuesta sería beneficiosa para todos. En la misma participaron de distinta manera y en distintos foros técnicos y políticos de ambos países, y se debatieron asuntos de gran interés como el tendido del telégrafo entre Europa y América, que uniría por primera vez ambos continentes, (lo que más tarde haría Inglaterra), la construcción de un ferrocarril común que acabaría, no sin grandes debates en Portugal, teniendo el mismo ancho de vía para facilitar las comunicaciones entre ambos países, carreteras, supresión de aduanas, la navegación de los ríos comunes en aras al aprovechamiento de los puertos de Porto y Lisboa, una moneda común, el correo, la unión de flotas, una misma política colonial... Como puede verse, se trataron temas de hondo calado, que tuvieron distinto eco y proceso. Los años cincuenta, en paralelo a los procesos de unificación que estaban llevando a cabo Italia y Alemania, fueron los más álgidos. Se mezclaban cuestiones políticas y técnicas, pero también defensores y detractores, estos más acérrimos tanto para una como para otra postura, en Portugal. En España la cuestión del iberismo tuvo menor calado (y tiene: el término no está admitido por la Academia), pero hubo quienes vieron en esta posible unión ibérica el remedio a los males políticos que padecía nuestro país, empezando por la denostada reina Isabel II, bastaba con que la corona española fuera también ocupada por el rey portugués. La representación real de esta idea vino cuando el rey portugués Luis I, con ocasión de su paso por Madrid camino de Francia en 1865, fue recibido en la estación del ferrocarril por unas dos mil personas que le aclamaron al grito de ¡viva el rey de Iberia!, para su mayúscula sorpresa. Tanto que, ya en ruta, y repuesto de la sorpresa inicial, escribió una carta, que fue publicada en los periódicos españoles de la época, donde declaraba su intención de que jamás sería rey de España. Tenía sus razones que no es lugar aquí para reproducirlas. El Pacto ibérico de Salazar y Franco fue un camelo, y solo tras la entrada de los dos países en la UE, ha comenzado un movimiento de acercamiento en términos positivos (de interés mutuo), que nada tiene que ver con el antiguo iberismo desarrollado en el siglo XIX, pero más práctico, al fin y al cabo es ahora cuando se están haciendo realidad muchos de los propósitos técnicos que un siglo atrás se describieron. Hoy no se puede hablar de iberismo pero sí de acercamiento y de conocimiento mutuo, lo que a su vez beneficia las relaciones políticas y personales entre los ciudadanos de España y Portugal. |