Angel Bernal |
| Açorda: La grandeza de la humildad |
| Ángel Bernal |
| 30 jun 2008 actualizado 23:44 CET :: Leído 143 veces |
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No hace muchos días he estado en Évora, nos condujeron hasta allí unas gestiones relativas a nuestra Asociación y de paso el encuentro con mi amigo José. Évora bien vale una misa, así que pasaré por alto cualquier tentación de referirme a ella y voy a dedicar esta Crónica a nuestro viaje, o más bien a la parte culinaria del mismo. El viaje estaba pactado, nos veremos pero tenéis que quedaros a comer. Faltaría más. Así que llegada la hora nos condujeron hasta un peculiar restaurante muy de moda en Évora, un antiguo molino de viento felizmente reconvertido en casa de comidas. ¿Adivinan como se llamaba? José me comentó que había sido necesario reservar mesa con dos días de antelación. El sitio está de moda, no es grande y atrae mucho público. Era la manera de asegurar un sitio para comer. Cuatro comensales en una mesa para cuatro. El Molino tiene dos atractivos, una sobria decoración rústica, muy acorde con la primitiva funcionalidad del mismo y una carta muy limitada pero muy tradicional, típica comida alentejana. Solamente. Nada más, pero nada menos. Cuando se come en el Alentejo es necesario preguntar primero, se lo recuerdo porque un plato siempre es para dos y esa fue nuestra opción, nos atrajo de su carta una açorda con bacalhau. Un manjar ¡oiga! Miren que les estoy hablando de uno de los platos más populares, más humildes y posiblemente más antiguos de la culinaria alentejana, todo es muy simple, si tuviera que describirlo les diría, agua y pan aderezados. Unas sopas de pan, entiéndanme. Pueden imaginar que detrás de ellas estaba en su origen la necesidad de reaprovechar el pan duro de hogaza compuesto con algún nutriente que al tiempo de dar sabor, alimentaba. Nuestra açorda estaba acompañada del omnipresente bacalhau. Un gran maridaje con una aparatosa presentación, un cuenco de caldo, otro de tacos de pan y un tercero con lomos de bacalao y huevos cocidos. Se sirve pan a discreción en el plato, se riega con el caldo hasta cubrirlo y finalmente se le añade el bacalao y el huevo, que usted puede administrar al comer como quiera. El secreto está en el caldo, por supuesto, hecho con el agua de hervir el bacalao al que se le ha añadido el fragante y gustoso cilantro, que tan buen y apetitoso juego y jugo da a la comida alentejana. Carnosos lomos de bacalao, pan embebido en caldo y un regusto en boca a cilantro, regado con un tinto joven de la tierra constituyen, créanme, un placer para el paladar. Nada tiene que ver la humildad del preparado, ahora que la restauración nos quiere acostumbrar a platos muy elaborados y hasta exóticos, con lo espectacular del resultado, una forma de apreciar la grandeza de lo humilde y tradicional. Quizá por eso tiene fama el Molino, por eso y por su precio, acomodado a cualquier bolsillo. Y por eso tiene fama la açorda, porque combina con cualquier cosa. No lo olvide, cuando visite el Alentejo, dese un placer, pida una açorda. |

