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Ana Isabel Espinosa
¡Qué pena de educación!
Ana Isabel Espinosa   
09 oct 2008 actualizado 09:00 CET :: Leído 132 veces
Y es que se ve en todos lados y nos parece tan normal que hacemos la vista gorda o escondemos la cabeza, como el avestruz, hasta que nos toca.
El otro día me tocó compartir espacio vital con una chica que ponía una denuncia contra un maltratador, hinchada por igual cara y vientre por las ansias del "presunto".

Su hermana entró unos minutos con ella a la sala de denuncias, supongo que para calmarla o hacerle alguna indicación, y los hijos de ambas quedaron solos en el salón donde se espera. No tardaron ni dos segundos, los mas chicos, en hacer alguna trastada, algo por otro lado de lo más normal, en críos de esa edad, que es casi imposible que se estén quietos, pero que fueron contestados con una agresión en toda regla por el primo algo mayor, dándoles sendas cachetadas que dejaron a los chiquillos llorando a moco tendido.

Nadie de los que estábamos allí le dijo nada, como si nada hubiera ocurrido porque a nadie nos escocieron sus lágrimas, ni su lamento, ni su impotencia, y solo un hombre de mediana edad le dijo, muy lentamente:
-Eso no está bien... ¿Por qué le has pegado? ¿Solo porque eres mayor que ellos?
El niño decía que no, que era porque se portaban mal y era "su trabajo ", que lo era el cuidarlos, para que no les pasase nada.

De repente llegó la hermana, la madre del chiquillo agresor, y viendo lo que había sucedido, llevada por los nervios, la vergüenza o por lo que fuera, le dio treinta y tres mas una, al agresor infantil, quedando ya definitivamente como agredido.

A todos los que estábamos allí se nos quedó claro que en aquella familia se solucionaba todo de la mima manera, pero a mi me dio por pensar en Ana Orantes y en su hijo, agresor, en cómo murió ella y en cómo pego su hijo a su mujer, siendo preso por ello, para perpetuar la barbarie y el odio.

Porque nunca he podido entender como alguien puede dar de mamar de sus pechos solo violencia y crueldad, y no entiendo que cuando una mujer dice que su pareja le pega pero sigue con él por sus hijos, por darles de comer, no vea que sus hijos- al mismo tiempo que el pan o la leche- están comiéndose la violencia, los abusos, los malos tratos, con los que la regala su agresor, de cada día.
Los mismo pasa con la educación, que damos por hecho que son niñerías y tontadas , esas de pegarse y pelearse, esas de insultar y hacerle la cuerda a uno, entre todos, o de pegarle hasta reventarlo mentalmente, y si no se es de una raza diferente o marginado social o la cosa llega a Marte, parece que no preocupa a nadie mas que a los padres y por supuesto al que se le pega, al que se le insulta y al que se degrada, para que al final de curso el profesor te diga," bueno son cosas de chiquillos, es que a veces se pasan".

¡Y tanto que se pesan y que los dejamos que se pasen!, porque nos da miedo poner una denuncia, por lo que dirán en el colegio, porque nos da miedo los padres del otro cafre que insulta y sus acólitos, nos da miedo excluirnos socialmente y quedar como los malos en el instituto, los problemáticos que siempre van con las denuncias por delante...cuando lo mas importante del mundo son nuestros hijos y su educación, que debería ser también los mas grande para todo el mundo, educar en paz y en comprensión, en respeto a todos, y en erradicar de una vez esa lacra que es la violencia ,no con palabras, sino con hechos, porque mas vale un castigo a tiempo, cuando se ha merecido, que no una cárcel o un reformatorio, cuando ya se han traspasado todos los limites por la edad.

"Carne de cañón", dice un amigote que es funcionario de prisiones, viendo a los que se escapan de los institutos y los que agraden a compañeros y no respetan normas,"carne de cultura" es lo que digo yo, que pienso...¿ qué harán sus padres para sofocar el incendio que se les vienen encima?, quizás mirar para otra parte y sus pirar; ¿qué harán sus profesores?, más que quejarse de que las ley no les dé más mano y de que no pueden hacer otras cosa; ¿qué hago yo?.. más que desear que mis hijos pasen los cursos rápidos y los engendros se queden repitiendo y se conviertan en la pesadilla de otra madre o de otro profesor.

 
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