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Ana Isabel Espinosa
Por la boca muere el pez
Ana Isabel Espinosa   
23 jun 2008 actualizado 16:54 CET :: Leído 137 veces
No sé si sabéis que anda el cotarro revolucionado por lo de la ministra AIDI  y sus”miembras”, tanto, que cada dos por tres sale un artículo de opinión a la palestra con esta u otra postura ,de las que si queréis podéis poneros al día en mi blog http://anaisabelespinosa.blogcindario.com , donde creo que las he descargado casi todas.

Yo, que me posiciono , más con el corazón que con la cabeza, en esto no he entrado a opinar todavía , porque soy de lo más medio la mitad, ni feminista radical, ni virtuosita del lenguaje y si bien es cierto que entiendo que hay palabras que poniéndoles el traje del género no significan igual,(para muestra el botón de hombre público ,frente a mujer pública)y eso ni los de la Real Academia de la Lengua lo pueden negar, tampoco soy de aquellos que dicen que ya es hora de cambiar nuestro lenguaje , desempolvándolo de malas maneras y transformándolo a patadas.

Nuestro lenguaje es tan variado y tan complejo, que ni una vida entera bastaría para domeñarlo por entero, tan difícil de estudiar y comprender, que no me parece extraño que haya personas que se aferren a que no debe ser cambiado, más que con los pasos oportunos.

El español nació del vulgo y del trasiego, de los pasos cansados de los caminantes que lo hablaban, de los curas, sencillos y predicantes, que lo portaban entre sus hábitos cuando querían acercarse a los campesinos, de los maestros, de las amas de casa, de los jóvenes, de las mujeres y de todos aquellos que conforman lo que a mi mas me gusta ,el pueblo soberano y capaz, ese, que se hace de su capa un sayo y, que, cuando toma cuerpo común y voluntad única, es capaz de darle la vuelta a mundo y emocionar hasta a las estatuas.

Creo que en el lenguaje debe ser igual, porque todos nosotros como pueblo, desde el más alto hasta el más bajo, desde los niños hasta los ancianos ,todos los que conformamos la sociedad, como pensadores y trabajadores de la palabra, consumidores de frases y hacedores de ideas , habladas y escritas, somos los que debemos cambiarlas para hacerlas mas dispensables al día cotidiano, e igual que no usamos el español que habló Cervantes por muy hermoso que sea, ni el de nuestros abuelos ,debemos hacer una lengua común para todos, una lengua respetuosa para que nadie se sienta disgregado ni discriminado ,por eso los términos vejatorios, humillantes y perniciosos, no solo para las mujeres, sino para cualquier ser, deberían ser excluidos, sin ningún genero de duda.

Ya respecto a las aes y al formar el femenino con la a añadida al masculino ,me da igual, no porque suene feo o extraño como pretextan algunos, con veladas dosis de machismo ,sino porque para mi la importancia de las cosas está en el pensamiento de la sociedad ,no en lo que se diga, sino en lo que se haga, pues he visto viejos verdes llamando señoritas a hermosas mujeres a las que mordían con los ojos, en un stand de propaganda y el término en su boca olía a sucio y a necedad, y no les tengo que recordar a muchos de ustedes ,gente que como yo ha nacido hace mas de cuarenta años, como se trataba a las mujeres antes de llegar la democracia, mucho respeto por delante y mucha superioridad de macho conquistador y prepotente por detrás, tampoco les tendré que recordar a los jurista que era más importante proteger a las mujeres con leyes que las minusvaloraban , que respetarlas como lo que es un igual.

No es lo que te digo, muchas veces el problema, sino como te lo digo, porque ofende no la palabra, sino la maldad con la que va dicha.

Por eso a mi lo de la ministra me parece una cosa sin importancia, ni para criticarla tan apasionadamente, ni para jalarse los pelos del moño virtual por las críticas, porque no son los políticos, por mucho poder que tengan, los que cambian lo que los demás hablamos, ni decimos, ni hacen moda, ni crean estilos ,porque eso se queda para nosotros ,para el pueblo llano, para los que vamos aguantados a la barra del autobús o en el metro ,medio dormidos por la mañana, a los que nos duelen los pies por la noche después de un largo día de trabajo o los que estamos hasta las narices de los niños, a la hora de irnos a dormir, porque, sin más, nuestra ha sido y será siempre la palabra, para usarla ,para cambiarla y hacerla aún más nuestra.

 
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