Ana Isabel Espinosa |
| Muerte en Basora |
| Ana Isabel Espinosa |
| 13 may 2008 actualizado 09:29 CET :: Leído 151 veces |
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Una adolescente de 17 años de edad ha sido estrangulada con el pie paterno, por desafiar los dictámenes del honor y de la autoridad, por querer abrir su corazón a lo nuevo y diferente. Rand, que así se llamaba la chica, estudiaba en la universidad de Basora inglés y en sus ratos libres ayudaba a las familias desplazadas, actividad donde conoció a un joven soldado inglés de 22 años, con el que congenió y mezcló risas con confidencias No sé si Rand supo que esto la condenaba a muerte ,no creo ,porque lo adolescentes pueden ser despistados y contradictorios, pero rara vez van contra lo estipulado , más que por el hecho de reivindicar su derecho a su propia existencia ,no buscándose el mal, propiamente dicho. Por eso entiendo a Rand, porque con ella puedo volver a tener 17 años y puedo sentir el corazón como late, loco y combativo, cada vez que lo ve a él, a sus manos, blancas y comprensivas, a su sonrisa, a su perfecto ingles, a sus ojos claros y a su inocencia y bondad, la de alguien que soñó, no con matar, sino con ayudar, y que deja , con impaciencia, el fusil, para tomar las vendas, el agua o el alcohol , con que puede ayudar a quienes vienen tan desesperados. Rand ha visto en esos ojos sus sueños de libertad, de hacer algo grandioso que merezca el nombre de ser humano, no "al que trae la guerra", como dice su padre cuando toma el té con sus amigos, alguien que no la mira con ojos libidinosos, como ese amigo de su padre ,de la misma edad que él, que la desnuda con los ojos, al pasar por su lado, con la complacencia de toda la familia, que sabe de la dote que les aportaría su boda con ese enriquecido comerciante. Solo una amiga sabe, de este incipiente amor, que se desarrolla sin miedo a las guerras , ni a las represalias, sin bandos, ni religiones, sin razas, ni vencedores, ni vencidos, solo Zeinab sabe de lo que los dos corazones sienten, porque los espía durante horas, porque los sigue, para preservar el buen nombre de su amiga y ella misma dirá a los vientos, cuando llore su trágica muerte, "se fue virgen, como nació". Pero no es la virginidad de su hija lo que le importa a Abdel, sino su prestigio, su autoridad mermada, su honor, ese honor que ahora nos suena tan lejano y funesto pero que no hace tanto, plegaba voluntades y cortaba suspiros y alas de hada, en una España que ponía la radio para escuchar la novena y censuraba a la prensa, que pespunteaba las noticias. Nos escandalizamos porque Abdel ha hecho su voluntad y no ha estado mas que dos días preso, pero una guerra solo saca la basura a la superficie, mientras mata la esperanza, la libertad y los sueños, porque el humo de las bombas, su muerte y su fuego, no apagan la ignorancia, ni la desesperación, ni los malos sentimientos. Estos, solo mueren con las ilusiones, con los besos que no se dieron el soldado ingles y la bella Rand, con la esperanza de su amiga que soñaba con un futuro igual o mejor, que el de ella, del brazo de otro occidental que la llevara lejos de la barbarie y el aplastamiento de voluntades. Porque en este país, de las mil guerras, les está permitido estudiar ingles, pero no verse en publico con un inglés, porque perjudica a sus niñas, a sus mujeres, que no deben osar comportarse como occidentales, durmiendo con quien quieren y pariendo hijos de soltera... Por eso ha muerto Rand, porque su madre dice que no ha podido hacer nada, porque sus hermanos no sujetaron a su padre, sino que lo ayudaron a inmovilizarla ,mientras él le pisaba el cuello, porque la enterraron de tapadillo y en noche oscura, como a los antiguos suicidas, porque el mundo esta enmarronado y sucio, porque Zeinab no para de llorar, porque su padre dice que nunca tuvo una hija, no una que se vio en público con un invasor, con un cristiano y un occidental, que perdió la cabeza antes que la respiración, por creerse con alas para volar, en un país donde las palomas, fueron las primeras victimas de la guerra. |