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Alejo Fernández Pérez
Obedecer o marcharse
Alejo Fernández Pérez   
23 jun 2005 actualizado 16:47 CET :: Leído 226 veces
Los grafiteros, con nocturnidad y alevosía, pintarrajean nuestras poblaciones con frases o grafitis como:  “Odio obedecer” Claro que sí, joven, claro que sí. Como cualquier niño o jovencito  hasta que crezca y él mismo pueda mandar. Entonces exigirán ser obedecidos. ¡Faltaría más!.

“Ni Dios ni amo” pintan otros. Pero hombre ¿Por qué hablan tanto de Dios  los que confiesan no creer en El? Saben que, mal que les pese,  hasta el final de sus vidas tendrán que servir y obedecer a un Dios y a un amo.

La obediencia no tiene buena prensa. "Los gobernantes  son aceptados por los súbditos  solo a condición de que autoricen los peores excesos" Tradúzcase  por el  botellón, el alcohol, jóvenes que se acuestan al amanecer, mientras  los gobernantes miran para otro  lado. El voto es el voto. "Al que obedece  las leyes le llaman estúpido" No digamos si estas son las de pagar a Hacienda.

La obediencia de las leyes “justas”, repito:”Justas”,  es un imperativo sin el cual no hay sociedad que valga. En la mili, y sobre todo en tiempos de guerra, la desobediencia puede ser castigada con la muerte. En el trabajo nos jugamos el sueldo y el bienestar de la familia. En la enseñanza nos jugamos los buenos puestos de trabajo. En los deportes ir por libres, no obedecer las reglas nos lleva al fracaso. En política la  desobediencia a las leyes instituidas nos puede mandar a la cárcel, al paro o a pagar multas ruinosas. En la sociedad saltarse las costumbres o las reglas no escritas nos puede conducir al aislamiento y a la soledad.

Es decir, o aprendamos a obedecer, sin rechistar, en el ejército, en el trabajo, en la escuela, en los deportes, y obedezcamos las leyes y las reglas en política y en sociedad o lo pagaremos muy caro.

Pero hay una institución, la Iglesia, donde la obediencia parece más insoportable aún.  El último monaguillo o el escritor más analfabeto se encuentran con derecha a criticar, a desobedecer y a decirle a sus autoridades- Papa incluido - lo que deben decir y hacer. Olvidamos dos cosas: Una, que el vaticano cuenta , posiblemente, con el mejor cuerpo diplomático y de especialistas del mundo, íntegramente dedicado a sus funciones. Muy raramente cometen errores. 

Otra, para los católicos,  al desobedecer a la Iglesia, al Papa, estamos desobedeciendo al mismo Dios, a sus mandamientos y a sus leyes. Recordemos las palabras de Jesús a Pedro: “Lo que ates  en la tierra será atado en el cielo y lo que desates en la tierra será desatado en el cielo”. ¡Jamás en la tierra, hombre alguno fue revestido de tal autoridad! También les dijo (Lc 10,16): "el que a vosotros desecha a mí me desecha" y "el que no está conmigo desparrama".  Desechar a los sacerdotes, a los obispos al  Papa es desechar a la Iglesia, es desechar al mismo Dios.

 ¿Somos o no somos cristianos? Caso afirmativo, el único camino es obedecer, obedecer siempre y en todas las ocasiones, como obedecemos en la guerra al capitán. Y sobre todo obedecer con alegría y sin murmuraciones ni quejas vanas. Sin meternos en preguntas, sugerencias y remilgos de los que no conocemos más que una pequeña parte de lo que se trata.  Para una vez que pudiera equivocarse la Iglesia nos equivocaremos nosotros mil. Pero,

Obedecer no significa ni está en contradicción con nuestro deber de exponer a las autoridades competentes, sean religiosas u otras cualesquiera ,los posibles errores o defectos de sus órdenes. Primero, cúmplase, como en la mili o en Hacienda la orden con la mejor de nuestras caras. Segundo  ¿Qué algo está mal? Aparte, no delante de la gente, con toda corrección, pero con toda firmeza hacerles ver a los jefes los posibles defectos. Siempre  los habrá pues los sacerdotes o cualquier autoridad son hombres con todas sus miserias y  no ángeles. Si hace falta, de igual forma se sigue subiendo y exponiendo las razones en el escalón de las autoridades. Al llegar aquí:

 ¡Cuidado con la soberbia! Los mayores daños a la Iglesia los han provocado hombres de Iglesia que creyeron tener más razón que el Papa. En todos los casos el cristiano debe ejercer sus derechos desde “dentro de la Iglesia”. Salirse sería un paso hacia el infierno y una  baza más para el diablo. Los Santos sabían muy bien que poniendo su propio juicio por debajo de la autoridad de la Iglesia no se engañarían jamás ni engañarían a los demás.

Los cristianos también saben que “Hay que obedecer antes a Dios que a los hombres” por eso anteriormente hablamos de “obediencia a las leyes justas” No son justas las que van contra los mandamientos de Dios, contra la vida y contra las leyes naturales. Lo justo o injusto no se vota, está por encima de la democracia, y la democracia no es más que una forma de gobierno, quizá de las menos malas, pero también con muchos inconvenientes. Las leyes humanas pueden cambiar con cada Jefe de Gobierno, las divinas son eternas.

Cuando haya algo que cambiar, empecemos por cambiarnos a  nosotros mismos, como lo hicieron Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Teresa de Calcuta, y tantos otros que con su cambio cambiaron a multitudes .Es frecuente que quieran cambiar al mundo los incapaces de cambiar su casa.

Obedecer, con todos sus inconvenientes, y a pesar de nuestra vanidad, orgullo y soberbia gravemente heridas es la única postura inteligente en cualquier sociedad que pretenda subsistir. En cualquier organización la desobediencia es el principio de su ruina, los desobedientes con su actitud o se van o los echan. En la Iglesia no cabe más que una postura: Obedecer o marcharse. Libremente se entra, libremente se sale. Los que quieran una Iglesia a su medida tienen donde elegir entre más de las cuatro mil sectas que existen.

En los Evangelios leemos: “Todo reino en sí dividido será desolado, y toda ciudad o casa en si divididos no subsistirán”. Y los Evangelios son el mejor manual, el único manual, de la vida actual, experimentado desde hace más de dos mil años. ¿Alguien conoce algo mejor?  Mientras tanto, y como dicen los artilleros: “Punto en boca y cartucho al cañón”
 
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