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Alejo Fernández Pérez
Mujer trabajadora y mártir
Alejo Fernández Pérez   
22 dic 2004 actualizado 15:54 CET :: Leído 245 veces
Aleluya! Ya encontró un buen trabajo. María, de 28 años, licenciada universitaria,  brillante curriculum, con un master, elevados conocimiento de la Lengua inglesa y buen manejo de ordenadores. Guapa, inteligente, simpática y trabajadora.

Muy bien considerada entre sus jefes, en pocos meses le elevan el sueldo bastante por encima de lo normal. Laboralmente hablando se encuentra feliz y contenta. Tenía novio, universitario como ella y, como es natural,  se casan. Felicidad completa.  Pero, - ya empiezan los peros-  él trabaja en su pueblo y ella en otra población separadas entre si por unos 200 km. Se ven los fines de semanas con los consiguientes gastos de doble casa, de asistenta, de coches, en viajes, en reparaciones, en peligros de carretera  y en tiempos perdidos. Se ven obligados a trabajar los dos pues tienen  que pagar el piso recién comprado, los muebles,  el coche y…  ¿qué familia corriente puede mantenerse hoy con un sólo sueldo?

Tras un año en que decidieron por motivos del trabajo, no tener hijos, ella queda enbarazada. En la población donde reside no hay guarderías suficientes, ni tiene abuelas ni familiares que la puedan ayudar . Se encuentra sóla, muy sóla; así que cuando aparecen los hijos, y mientras son pequeños se le presenta un problema grave y de dificil solución: Como atender al trabajo y a los hijos sin que la expulsen del trabajo o decida dejarlo por si misma. Además, su horario de trabajo es de 8 horas con horario de  mañana y tarde. ¿ Saben vds lo que significa trabajar fuera de casa, atender al hogar, estar sóla y tener un niño enfermo?

Dejar su trabajo después de sus estudios, capacitación y tantos esfuerzos,  le supondría una tremenda frustación vital. Para la sociedad es un derroche inadmisible, supone una malversación de capital humano no aprovechar a sus mejores trabajadoras. Intentar compatibilizar hogar y trabajo provoca una tensión y extres dificil de valorar para los desconocedores de este problema. Decisión: no tener más que  uno o ningun hijo, como sucede en medio mundo.  Resultado: peligrosísima bajada de la natalidad, envejecimiento de la población, necesidad de inmigrantes, conflictos de adaptación, y todas esas dificultades sociales y económicas que enrarecen la convivencia .

A los políticos se les llena la boca con la cantinela de “la mujer trabajadora” ,“hemos avanzado, mucho pero queda mucho por conseguir”;…  mientras feministas, políticos y sindicalistas luchan por la ¿Liberación? de la mujer. En estos casos la tan ansiada liberación de la mujer se traduce en convertir sus vidas en un infierno.
“Muy lentamente nos vamos percatando de hasta qué punto la función tradicional de la mujer es esencial para mantener la cohesión familiar, la transmisión de la cultura y, en general, la salud mental colectiva.

Y no hay que ser ningún lince para ver la relación entre la ideología feminista y la disgregación de la familia, no sustituida por algo equiparable, la insania juvenil, tan bien descrita en un reciente artículo de Alicia Delibes, y mil fenómenos de embrutecimiento social que ya no nos chocan porque se han vuelto masivos. Sin que lleguemos a acostumbrarnos a ellos, por el malestar, sordo o agudo, que llena la vida, y que ciertas ideologías justifican como un coste insignificante, o atribuye –como hacía el stalinismo– a que todavía no hemos "avanzado" lo suficiente”.

Hace algún tiempo, escribí en uno de mis artículos que : “A estas alturas, todos sabemos , aunque no siempre lo reconozcamos, el enorme esfuerzo que está haciendo  la mujer para poder atender con dignidad a su hogar y al trabajo. En el trabajo cumple igual o mejor que el hombre. En el hogar, las mujeres siguen trabajando siete veces más que sus parejas, tres veces más que sus hijas y hasta 10 veces más que los vástagos, lo que no aventura grandes cambios en un futuro inmediato.

En el hogar, el  hombre racanea y escurre el bulto ; unas veces por la fuerza de la costumbre; otras, porque la mujer, reina de la casa, no tolera que nadie meta las narices en su campo. Afortunadamente,  en las parejas jóvenes, la igualdad se está imponiendo aceleradamente, tanto por la mayor formación de ambos como por las necesidades de los tiempos”.  Pero, ¿ Y cuando la mujer no tiene pareja o tiene que vivir en otra población que el marido? María, como es inteligente no ve soluciones a corto plazo; así que como es creyente practicante,  ha puesto el problema en las manos del Señor, confía en Él,  reza y le pide al Espíritu Santo que ilumine la mente de algún que otro político y empresario para que puedan ver y entender  lo que tienen delante de los ojos. ¡Amén!

Por otra parte, el problema de la mujer trabajadora desborda el ámbito personal y del trabajo para convertirse en un grave problema social y económico a nivel nacional. Si no hay niños, no habrá sociedad ni buena ni mala; la familia estará coja. Si hay niños, hay que criarlos y educarlos, y en esta tarea el amor de los padres no admite sustituciones. El corazón de la familia es la mujer, y sin ella en el hogar,  la familia – piedra angular de la sociedad- se irá al garete, y con ella, la sociedad.  Ya se está yendo.

Si la función de la mujer es tan importante ¿ Por qué tiene, sobre todo el pequeño empresario, que cargar en el “debe” de su empresa unos gastos que en buena lógica corresponden a la sociedad entera? El patrón ya tiene suficiente con mirar por un negocio en el que, si las ganancias no existen o se tambalean, puede mandar a la calle a todos sus trabajadores y a él mismo. El patrón, si ve algo más allá de la punta de sus narices, debe darse cuenta que seguir discriminando a las mujeres es como escupir al cielo, antes o después la saliva le caerá en la cara. Hablando en la Cumbre Nacional de Población en Melbourne, Australia, Summers afirmaba que las empresas deberían jugar un papel más importante en la ayuda de las mujeres para que puedan armonizar trabajo y cuidado de los hijos.

Mujeres que viven separadas del marido o de la pareja por motivos profesionales son cientos de miles en España. Basta que observen el campo de los profesores con unas interinidades y movilidades de muchos años, estúpidas y casi criminales por el tormento a que someten a las parejas,  vean el personal de las Comunidades Autonómicas, las de los trabajadores temporeros, las de los inmigrantes regionales o extranjeros,…

Las soluciones no serán fáciles a medio ni a corto plazo. Han de intervenir nuevas leyes, conciencia socil y dinero. La Religión no debe ser el único refugio para estas mujeres, verdaderas martires de la sociedad. Un mayor gasto para las familias podría resolver parte del problema. Quizá cueste bastante dinero, pero ¿no saldrá mucho más caro no gastarlo?
 
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