Alejo Fernández Pérez |
| Cuaresma, tiempo de alegria |
| Alejo Fernández Pérez |
| 22 mar 2005 actualizado 00:30 CET :: Leído 270 veces |
|
La
Cuaresma es, y debe ser, un tiempo de alegría; y la alegría suele ser
el fruto de sacrificios, esfuerzos y trabajos que nos ha permitido
coronar con éxito una empresa o derribar muros de incomprensión o
dolor. Sin sacrificios no hay victorias sobre otros ni sobre si mismo.
Cualquiera conoce ejemplos sencillos:
Un
pequeñín ha herido jugando a uno de sus hermanitos. Asustado y
compungido corre a los brazo de su madre y le grita:”Pégame, mamá,
pégame” Piensa que sufrir por el mal que ha hecho es la mejor forma de
pagar y recuperar la paz.
Juan emigró a América. Trabajó duro, muy duró, padeció necesidades y fatigas con la esperanza puesta en una vida mejor. Efectivamente, regresó con dinero para disfrutar con su familia y amigos de las penas pasadas. Una persona gruesa , un deportista, un opositor ,…se somete a privaciones, trabajos, y sudores para conseguir un bien perecedero. ¿Vivir una vida más digna, más noble, no merece sacrificios? Los sacrificios de la Cuaresma se llevan con alegría pues preparan al espíritu para recibir un gran tesoro, al gran milagro de la Resurrección, que fundamenta la vida de todos los cristianos. Tanto hemos levantado la mano, que el ayuno y la abstinencia tradicionales se han convertido en una broma: Hacer una sola comida dos veces al año o no comer carne unos cuantos días – que puede ser sustituida por ricos pescados , mariscos y dulces- no parece que vaya a matar a nadie de hambre. Afortunadamente, estos sacrificios ? pueden ser sustituidos por otros que hoy tienen más sentido: limosnas, oraciones, trabajos para las pobres, ayudas a nuestros hermanos necesitados,... La falta de sacrificios conlleva consecuencias nefastas. A los niños que se les consiente todo, que no se privan de nada, terminan siendo personas egoístas, ruines, incapaces de dominarse, de compartir. Serán personas light, blandas, no aptos para vivir en sociedad. Pero, el sacrificio por el sacrificio es una estupidez. Los sacrificios presuponen una causa y un fin para mejorar nuestra vida física o espiritual. La Cuaresma, es un tiempo de conversión; asegura el Papa. Pero, ¿Convertirnos de qué? De nuestra tan denostada forma de vivir. Entonces, hagamos lo contrario de lo que hacemos, y quizá encontremos la poca felicidad que el mundo puede dar. Alguien nos previno hace dos mil años y nos dio sus directrices: El que quiera ser el primero que se ponga el último y sea el servidor de todos. “Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha… Perdonad, perdonad, incluso a vuestros enemigos hasta setenta veces siete. No juzguéis y no seréis juzgados y con la medida que midiereis se os medirá. La riqueza, tan ansiada no es el mejor camino para ir al cielo. Si te dan un guantazo, no respondas, pon la otra mejilla…¿ Simple locura? Sin embargo, miles de personas que han dedicado su vida a seguir este camino han encontrado la paz y el verdadero sentido de sus vidas. Creemos encontrar la felicidad en el vino, en la carne, en el dinero , en el mando, en el sexo, en las drogas , y no hemos hecho más que empeorar las cosas. Nuestra infelicidad permanente es la prueba de que la experiencias pasadas han fallado. Vivir como bestias, sólo con nuestros instintos es lo mismo que pudrirse en la desesperación. Levantarse del polvo, vivir como hombres espirituales, dominar nuestros instintos cuesta trabajo, esfuerzos, sacrificios y hay que entrenarse, pero merece la pena. No hay alternativas. La Cuaresma, no es más que un período de entrenamiento espiritual y de servicio a los hermanos. Está respaldada por la esperanza. Nada comparable al sosiego y alegría que nos inunda tras una buena obra, aunque haya supuesto muchas privaciones. Los franceses han sugerido unos sacrificios originales: “hablar de otra manera, hablar siempre bien – De todo el mundo se puede decir algo bueno - o callar”. Buena sugerencia para los políticos y no políticos. «Nuestro mundo, está inundado a todas horas por palabras que han perdido sentido y fuerza». “Una palabra inocente, pronunciada sin reflexión, puede tener consecuencias desastrosas». Además de renunciar a las «palabras inútiles», el mensaje invita a emplear las palabras para dar testimonio de vida, para llevar alegría a los tristes, consuelo a los enfermos, esperanza a los desilusionados. Un simple chiste que nos haga sonreir, puede ser algo muy serio. «La necesidad de oír constantemente música --concluye-- revela la imposibilidad de gozar del silencio». La radio y la televisión, se han convertido en «una especie de ruido de fondo» en la vida. ¿ Por qué no apagarlas en estos días?. ¡Esto si que sería una buena penitencia! Podríamos descubrir que «un mundo silencioso no es un mundo de vacío» El silencio es necesario para gestar cualquier gran obra, acerca a Dios y puede convertirse en una gran terapia física y mental. |

