Alejo Fernández Pérez |
| Afirmar la Fe (I parte) |
| Alejo Fernández Pérez |
| 15 feb 2005 actualizado 16:34 CET :: Leído 227 veces |
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¿Qué
clase de fe es la de esos católicos que prefieren morir antes que
renegar de ella? Solo en el año 2.000 más de 160.000 personas murieron
en el mundo- especialmente en el llamado "tercer mundo"- por llamarse
cristianos, lo fuesen o no.
En
todas las épocas, siglo tras siglo, la Iglesia católica ha sido siempre
perseguida y combatida. Al mismo Cristo le clavaron en una cruz y murió
en ella. Aún vivían los apóstoles cuando los fariseos, los romanos, y
los adoradores de múltiples divinidades perseguían, encarcelaban y
condenaban a muerte a los cristianos. Estos eran pocos, pobres, sin
cultura , sin poder y en esas condiciones: ¡ Triunfaron ! La Iglesia
florecía con la sangre de los mártires. El mismo Cristo anunció lo que pasaría tras su muerte: "He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;… El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo" (Mateo 10:16-22). Para los primeros cristianos, el hecho del martirio era causa de bienaventuranza "Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros" (Mateo 5: 11-12) y de hecho, muchos mártires respondían a su sentencia de muerte con un "Deo gratias" -"Gracias a Dios"- De su generación Jesús decía:" Esta generación mala y adúltera…" .Nuestra generación no es ni mejor ni peor. A nuestra manera seguimos crucificando a Cristo. En el siglo XXI a los cristianos se les sigue matando, pero a muchos más se les impide vivir mediante procedimientos sibilinos. Robarles su fe es otra forma de muerte. Desde hace tiempo, a través de Internet, amigos hispano-americanos están embarcados como otros muchos en la defensa de la fe. Miles de sectas, cientos de ramas cristianas no católicas, organizaciones como al Nueva Era, la masonería, el sionismo, todas con mucho dinero y medios, parece que no encuentran más justificación para sus errores que atacar a la Iglesia católica con cualquier pretexto y ocasión. Mis amigos no tienen tiempo más que para rechazar esos ataques, pero ¿Es ese el camino? Posiblemente dedicamos "excesivo" tiempo a combatir a los enemigos de nuestra Iglesia, algo que hay que seguir haciendo pero no podemos olvidar algo mucho más importante: ¿Qué religión, qué Cristo ofrecemos los católicos a los que no lo son? ¿Qué imagen damos de El? ¿Estamos bien formados y entrenados para estos combates? Por ejemplo, entendemos que para vender fruta, el frutero tiene que dedicarse a algo más que atacar, defenderse y despreciar a los competidores. El éxito de su negocio estriba en ofrecer las mejores frutas, presentarlas con arte y limpieza, mostrar cara alegre, servir con agrado, y que los clientes noten que en ese puesto no se les engaña y se les estima. Y todo a un precio asequible. Si así lo hacemos estoy seguro que los clientes pasarán por delante de los otros puestos y vendrán derechos a nosotros. Sin duda, los católicos tenemos la mejor de todas las "mercancías", pero ¿la presentamos y vendemos mejor que ellos la suya? ¿Vivimos de acuerdo con nuestras creencias? ¿Cumplimos nuestros compromisos? ¿ Qué imagen damos al exterior? El católico dispone, además de la Biblia, de dos joyas de formación insuperables : El Catecismo de la Iglesia Católica- nueva edición- y el Concilio Vaticano II. En la página dos del Catecismo leemos: (...) Para ello, el Concilio Vaticano II no debía comenzar por condenar los errores de la época, sino, ante todo, debía dedicarse a mostrar serenamente la fuerza y la belleza de la doctrina de la fe". O sea mostrar una buena fruta. Unos renglones después Juan Pablo II remacha :" El Concilio Vaticano II es el punto constante de referencia de toda mi acción pastoral,... Es preciso volver sin cesar a esta fuente". Quizá, para traducir esas directrices a la vida corriente de los cristianos, sean los laicos formados las personas más adecuadas. Su lenguaje, "no profesional" y su mejor conocimiento del mundo les acerca más y mejor a los que no pisan el templo. |

